martes, 18 de agosto de 2009

Capitulo 4

Finalmente, atravesé los muros inflanqueables y me dirigí a mi auto, que solo aguardaba impaciente mi salida. Recordé lo que habia pasado, pero ahora el impacto era muy leve, será que el tiempo apacigua todo, no lo se realmente.
Subí lentamente y me dispuse a abandonar el lugar. Mientras conducía por la autopista, y bajo los efectos de la música clásica contemporanea, aclaré mi mente. No era tran grave, sin duda que no, me convertí en niño por un día...

Tomé el telefono, marqué un número cercano, impaciente esperé a esa voz del otro lado. Finalmente atendió...
-.¿Hola?... Dijo con vos tenue.
No respondí.
-.¿Hay alguien ahí?. Preguntó intragadá.
Finalmente, emití palabras.
-Hola...necesitaba hablar contigo... Dije timidamente.
Su voz se desfiguró en un instante.
-¿Ocurrió algo?, ¿Qué es lo que pasa?...
-No, nada ha pasado...Simplemente me he dado cuenta que me he equivocado demasiado.
-¿De que hablas?, ¿Que equivocación?. Preguntó impaciente por mis respuestas esquivas.
-Me he equivocado, en muchas cosas, no supe escuchar las voces que me intentaron enderezar, simplemente mi ego acabó con lo que me quedaba de dignidad.
Se creó un silencio incomodo. Ella quería que hablara y eso hice.
-Pero...pensandolo bien, nadie me lo ha dicho, tuve que esperar a que mi asistente me diga las cosas que todos callaron!. Simplemente no lo puedo tolerar, porque me han mantenido en una jaula. Nadie tuvo las agallas, nadie!.
Me dí cuenta que a la persona a la que le hablaba no tenía ninguna culpa.
-Lo siento (dije fustigado), tu no tienes la culpa y te estoy gritando indebidamente. Perdoname.
Se escucho un silencio, y una vos que intentaba decir unas palabras.
-Sabes (titubeó), talves nadie te lo ha dicho por miedo a tu reacción. Quizas, debas calmarte, y pensar friamente las cosas. Entiendo que enterarse de un engaño es complicado y es una situación de la que nadie quiere enterarse y mas a una escala mayor como la que planteas. Debes tranquilizarte y venir a verme en cuanto puedas.
Finalmente me despedí.
-Adios, doctora. Estaré en contacto con usted...

Mi catarsis me había relajado un instante, un alivio antes de continuar. Un balzamo que relajaba mi espiritu.
Seguí camino por la oscura y fría autopista. Pero la velocidad disminuía. Mi mente quedó sin pensamientos...



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